UN NOMBRE, UN GÉNERO: EL REFERENTE PERFECTO
Devoción u obsesión, o quizá una
mezcla de ambos, el hecho es que el estar mucho tiempo dedicándose a algo no
solo consigue que uno sea un experto en la materia, si no que los demás
reconozcan su labor y terminen asociando su nombre con su especialidad. Y
ejemplos no faltan: ¿western?. John Wayne. ¿Pelis de abogados?. John Grisham.
¿De médicos?. Robin Cook. ¿Terror?. John Carpenter...y la lista sigue y sigue,
así indefinidamente. En el cine, como en la vida en sí, la marca de un objeto
define al propio objeto, llámese Cristian Dior, Ferrari, o incluso Fabada
Litoral. Es una marca, un sello de que, sea de lo que sea, es lo mejor, el
culmen de su especialidad. De ahí que, dentro del mundillo del séptimo arte, un
nombre a veces es todo lo que hace falta para saber de qué se está hablando.
Por que, ¿es posible decir “George Lucas” sin que Star Wars acuda a la
memoria?, ¿o que se pronuncie Christopher Reeve y que la imagen de Superman no
cruce la mente como una exhalación?. Son el referente perfecto, un símbolo de
excelencia centrado en un género concreto que, en contadísimas ocasiones,
trasciende su propia marca para romper con todo lo anterior (Steven Spielberg,
destruyendo su cliché de Encuentros en la Tercera Fase y E.T. para dirigir La
Lista de Schindler, Salvar al Soldado Ryan o Lincoln, tanto como Clint Eastwood
lo hizo con sus spaghetti westerns y rodar Los Puentes de Madison, Million
Dollar Baby y tantas otras: dos sinónimos de cine en letras de oro y con
mayúsculas). En la publicidad ese recurso es muy manido para promocionar
productos de toda clase para sacar dinero, y en el cine también: por que el
nombre, la reputación, hace que uno vaya a ver una película. Porque garantiza
que es algo en ella hará que valga la pena. Porque, sin ese ápice de confianza,
nunca osaríamos probar algo nuevo.
Nº De Serie: NC/TCM/00034. Escrito Por: The Cineman.
Publicado El: Viernes, 22 de abril de 2016.
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