Vista En: Gnula.nu, lunes 15 de enero de 2018.
Título Original: The Invoking.
Director: Jeremy Berg.
Guión: Jeremy Berg y John Portanova, basado en una
historia original de Jeremy Berg y Matt Medisch. Género: Terror.
Música: Trip Lake Animals. Fotografía: Jeremy Berg.
Decorados: [Desconocido]. Vestuario: [Desconocido].
Productoras: The October People. Presupuesto: ±11.000 $.
País: USA. Año: 2013. Duración: 82 minutos. Color.
Reparto:
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Personajes:
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Trin Miller
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Samantha ‘Sam’
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Brandon Anthony
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Mark
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Andi Norris
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Caitlin
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Josh Truax
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Roman
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D’Angelo Midili
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Eric
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Rafael Siegel
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Oficial Bindara
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(Para ver su ficha completa en IMDb, pinchar aquí)
Argumento: Sam, su ex novio y amigo Mark, y sus también
amigos Caitlin y Roman viajan juntos hasta una casa perdida en una lejana
propiedad que Sam ha heredado de una tía que no conocía. Allí conocen a Eric,
que fue cuidador de la tía de Sam. Pero la en apariencia tranquilidad de la
zona se convierte en pesadilla cuando Sam empiece a sufrir diversas
alucinaciones.
Crítica: Debut como director de largometrajes de
Jeremy Berg después de su corto Una Medida de Confort [2010], que en realidad
se molda más al género de la intriga psicológica que al terror propiamente
dicho, rodado con apenas cinco actores {lo de Siegel es fugaz de necesidad} y
una desgana manifiesta la cual se evidencia a lo largo de su escueta duración,
amén de un reparto que está necesitado de clases de interpretación (la entrada
en escena de Eric: ¿es que Midili no podía disimular ni siquiera mínimamente su
personaje para que parezca no tan perturbado como ya se nota que está?; la
charla entre Sam y Caitlin, que explica el pasado entre la primera y un Mark
que intenta pero no encuentra el punto para ser creíble; Roman y su afición a
grabarlo todo en un radiocassette con micrófono: un elemento que podría haber
dado muchísimo juego, desperdiciado porque si). Más escaso en talento que en
medios, que ya es decir, The Invoking desecha lo potente de su título con una
trama a la que se la ve venir a años-luz de distancia, y cuyo final juega a ir
a contracorriente esperando que eso mejore un conjunto que no hay forma de
mejorar (Sam y sus visiones, incapaces de distinguirse de lo real, sin efectos
especiales salvo que una pésima actuación pueda ser considerado así; la
persistencia de Eric hablando de sus recuerdos de infancia; la incapacidad de
Sam para recordar su pasado: enésimo elemento manido hasta la saciedad).
Dejando alguna que otra escena que podría haber sido interesante pero que se
queda en agua de borrajas (Roman, acercándose a una estación de radio para
grabar), destruida en una fotografía gris, estrictamente amateur y sin vida
alguna al igual que su banda sonora, Berg convierte su ópera prima en un vertedero
de ideas, que una tras otra ponen la calidad y la decencia fílmica en números
negativos. Un bodrio insufrible, tan apático y anémico como el mismísimo
Midili.
La Puntilla: A veces no es bueno fiarse de un título.
Igual que los pasteles, la forma es una cosa, y el sabor otra totalmente
diferente.
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